Editorial |

Venezuela: dilema para la izquierda latinoamericana

Michelle Bachelet, una respetable líder del progresismo latinoamericano, en su función de Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, acaba de denunciar torturas y ejecuciones por parte del régimen chavista de Venezuela.“Soy una mujer de izquierda”, le aseguró Bachelet en 2006 al por entonces líder venezolano, Hugo Chávez. Se lo dijo cuando acababa de asumir su primer período como presidenta de Chile. Según los testimonios, ambos mandatarios se admiraban mutuamente y habían forjado una relación cargada de afinidad y simpatía. Era la época en que Chávez -símbolo de la nueva revolución bolivariana-tenía fascinada a la izquierda de América Latina. “Michelle es una buena amiga, sé del coraje que tiene. Es una mujer extraordinaria”, señaló Chávez durante su participación en el cambio de mando presidencial que invistió a Bachelet como la primera mujer en ese cargo en Chile. Trece años después, sin embargo, con dos períodos de jefe de Estado y tras haber asumido en uno de los cargos más importantes de la ONU, Bachelet -en su debutante como Alta Comisionada de Derechos Humanas- pronuncia un lapidario informe sobre el régimen chavista, liderado hoy por Nicolás Maduro. La funcionaria denunció así torturas, asesinatos y una “vasta crisis humanitaria” que el régimen se niega a reconocer. Bachelet señaló que las fuerzas de seguridad venezolanas, respaldadas por los “colectivos armados”, grupos paramilitares afines al Gobierno, han reprimido a la disidencia pacífica con uso excesivo de la fuerza, muertes y torturas documentadas por su oficina. Paralelamente, la expresidenta de Chile citó denuncias que acusan a la Fuerza de Acciones Especiales de la Policía Nacional (FAES) de ejecutar a 37 personas en enero en Caracas, en redadas ilegales en casas de zonas pobres que apoyaban a la oposición. “Los asesinatos siguen un patrón similar y se producen durante allanamientos ilegales a las casas realizados por la FAES, posteriormente informan de la muerte como resultado de un enfrentamiento armado, aunque testigos informan que las víctimas estaban desarmadas”, resumió Bachelet en referencia a la metodología empleada y que en 2018 habría provocado 205 muertes. “Como resultado directo de esta profunda crisis de derechos humanos, más de tres millones de personas han huido de Venezuela en busca de alimentos, atención médica, trabajo y protección”, señaló. Las definiciones de Bachelet, una referente dentro del progresismo latinoamericano, reflejan el dilema crucial que representa Venezuela para la izquierda latinoamericana. Comunistas chilenos han criticado a Bachelet por ser funcional a los intereses del imperio (EE.UU.) “Yo creo que ellos andan buscando una coartada para lograr la intervención militar externa en Venezuela. Ellos han argumentado que hay violaciones a los derechos humanos. Yo he investigado los informes de los grupos de trabajo de desaparición forzada y no hay nada”, manifestó el diputado chileno Hugo Gutiérrez. Idéntico diagnóstico ha hecho hace poco Carta Abierta, el grupo de intelectuales cercano a los dirigentes peronistas Néstor y Cristina Kirchner. Uno sus miembros, Horacio González, habló de la necesidad de mostrar “una posición de apoyo al gobierno actual de Venezuela o, dicho de otra manera, una fuerte oposición al proyecto de golpe de Estado que está en curso desde hace varios meses y que tiene en diversas manifestaciones evidentes, públicas y nítidas en la actividad del presidente (Donald) Trump y (Mauricio) Macri”.

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