Venganza: nada más humano y devastador
Es un acto que está en la base de la discordia humana y que dispara las más grandes calamidades. La venganza -de ella se trata- es una reprimenda que se ejerce sobre una persona o grupo social por una acción que es percibida como dañina. Aunque en muchos aspectos la venganza se asemeja al concepto de justicia, se entiende que es su caricatura. Y esto porque no procura primariamente un reparación sobre la verdad de los hechos, sino un objetivo injurioso.A decir verdad, todo ser humano tiene un sentido propio subjetivo de cada acontecer, el cual no siempre coincide con la justicia real. Al que quiere vengarse no le interesa la consistencia de su reclamo (si se ajusta a la verdad completa de los hechos) sino devolver el mal recibido.Como el orden humano y social no es justo -y más bien es un ideal a alcanzar- mucha gente se siente afrentada o agraviada, pero no ve la manera de ser compensada, y esa impotencia alimenta un sentimiento de rencor y resentimiento.La literatura universal -partiendo de las tragedias griegas hasta las grandes novelas- da cuenta de lo que le pasa a la persona que está en esa situación. Padece una intoxicación psíquica constante, que la vuelve amargada y desconfiada.Rumia su bronca todo el tiempo, crece su hostilidad en secreto, y comienza a tornarse una obsesión (el pensar en el acontecimiento que la dañó) hasta convertirse en sed de venganza.En este punto, ya no interesa el objetivo de hacer justicia, sino el hecho de liberar la tensión que el dolor y el odio han hecho generar en el damnificado. Este último es dominado por el deseo de pagarle al culpable de su mal con la misma moneda o infringirle un mal mayor al que supuestamente cometió.En las sociedades primitivas los hombres hacían justicia por sí mismos. Nada había que limitase la ira del agraviado. Las represalias que se imponían eran ilimitadas y no guardaban proporción con el daño causado.Para detener la lógica de la venganza, la civilización avanzó en un régimen de derecho. De esta manera la justicia se canalizo a través de leyes que intentan ser objetivas y promover la paz social.De esta manera, aquellos que salten las reglas impuestas por el sistema legislativo vigente pueden ser condenados por tomar la "justicia por mano propia".Aunque la venganza proviene de un circuito ciego asociado a la insatisfacción, ya que hay un damnificado que se percibe como víctima de la injusticia, su concreción equivale a un acto de placer.Según Adriana Guraieb, de la Asociación Psicoanalítica Argentina, la venganza es una descarga. Incluso, dice, "suele producir un sentimiento de placer mientras se la va planificando, porque el rencor y el resentimiento guardados pujan por descargar".Cuando la venganza rige la vida personal y social (el daño que causa es mayor al original) se corre el riesgo de entrar en una espiral de violencia sin control.La historia política argentina, por caso, podría ser vista como una dialéctica circular de venganza entre grupos antagónicos: unitarios versus federales, conservadores versus radicales, peronistas versus antiperonistas, montoneros versus militares.La tradición judeocristiana habla del perdón como antídoto contra el rencor, el resentimiento y la venganza. Y parte del supuesto de que todos cometemos injusticias.En una homilía reciente el Papa Francisco habló de que "todos somos pecadores" y que Dios "no se cansa de perdonar". También instó a vencer "la amargura del corazón" que "traen la ira y el resentimiento, que nos lleva a insultar y atacar" al otro.
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