Víctimas de una meta imposible
La búsqueda de una nueva identidad a través del modelado del físico es una de los rasgos salientes de la sociedad "líquida". Pero la pasión por un cuerpo perfecto, inalcanzable, deja muchas víctimas en el camino. En efecto, según la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (www.aluba.org.ar), 1 de cada 25 jóvenes argentinos sufre de esos trastornos alimentarios, que pueden causar la muerte y que peligrosamente se asocian a muchas otras dolencias y alteraciones de conducta.La anorexia se presenta cuando la pérdida de peso supera el 15% del valor esperado (para la edad y la talla). Y según los expertos locales la edad de inicio es cada vez más temprana y los adolescentes son los principales afectados, aunque van en aumento las consultas de los mayores de 30 y menores de 10 años.Hasta no hace mucho las patologías alimentarias afectaban preferentemente a las mujeres. Pero en el último decenio, según los datos, aumentaron preocupantemente un 350% entre los varones adolescentes.Los adolescentes, particularmente, son sensibles a un contexto social en el cual la gordura produce vergüenza. El problema es que esto los puede conducir a exigencias corporales patológicas.El ideal estético de la época, centrado en la hiperdelgadez, genera una insatisfacción permanente con el propio cuerpo. Lo que ocurre es que esa imagen instalada en el imaginario colectivo está más allá de la biología real.Querer ajustar el cuerpo, por tanto, a ese patrón estético supone en muchos casos una exigencia sobrehumana. La obsesión por la delgadez, ya se sabe, se está cobrando víctimas.En los últimos años, hubo casos de modelos que fallecieron por trastornos alimentarios. Esas chicas que querían estar excesivamente flacas, en realidad estaban enfermas.En Francia, a raíz de esta situación, se ha aprobado una ley que prohíbe la participación en desfiles y promociones de mujeres cuyo Índice de Masa Corporal (IMC) supere un valor fijado por las autoridades con multas elevadas y penas de prisión para los responsables de contratarlas.Los dos desórdenes alimentarios más comunes, la bulimia y la anorexia, se han convertido así en la amenaza a la salud de los más jóvenes. En la etiología de estos desarreglos, dos rasgos psicológicos dominan: el miedo a adquirir peso y la delgadez como meta valiosa.Pero detrás de esas variables psicológicas, está el condicionamiento cultural, la presión social en torno a una imagen idealizada del cuerpo, que actúa en muchos sentidos como una voz de mando tiránica.La comparación que hacen los adolescentes entre su 'yo real' y su 'yo ideal social' entran en peligrosa colisión, llevándolos a algunos a la auto-denigración destructiva.La percepción del propio cuerpo, así, no coincide con el ideal, generando gran angustia y sentimientos extremistas para consigo mismo. Allí abrevan, en definitiva, los trastornos en la alimentación.Vivimos en una sociedad donde el cuerpo se ha convertido en blanco sobre el cual concentrarse en forma obsesiva. El sacrificio y la dedicación para mejorarlo, puede requerir una disciplina y un esfuerzo dignos de mejores causas.Pero la idea de la perfección, siguiendo los cánones de belleza en boga, colisiona con los cuerpos naturalmente irregulares, naturalmente imperfectos y diferentesEntonces los ideales de bellezas se convierten en enfermizos, al imponer verdaderas utopías corporales que destruyen la vida de sus cultores, especialmente de los más jóvenes.
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