Vidal juega su pulseada con Baradel y detrás se encolumna todo el gobierno
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Lo que no mata fortalece. Hasta allí se han embarcado Macri y Vidal en su pulseada con los gremios docentes que cumple casi un mes. La protesta tiene los mismos perjudicados: los chicos. Rehenes de una situación que los adultos no saben resolver y acaba por seguir lacerando a la educación pública. Jorge Barroetaveña Detrás de la aprobación en las encuestas que le dan espaldas anchas a Vidal, el Presidente se subió al conflicto docente, al que visualiza como clave para el tránsito del gobierno hasta las elecciones. En el gobierno están convencidos que la pelea no es con los gremios, sino con algunos dirigentes militantes del kirchnerismo. Las fotos de Baradel con Cristina, Scioli o Boudou dan el pretexto ideal y la bandera para enarbolar. Eficaz y convincente, la gobernadora agita el fantasma del ausentismo y recorre los programas de televisión y radio explicando por qué no puede pagar más aumentos. De paso recuerda la provincia fundida que le dejó Daniel Scioli, que ahora se dedica a dar consejos, también por televisión, a su sucesora.En esta fuga hacia delante que plantea Vidal está sola. Tiene el obvio apoyo de Macri pero el silencio clamoroso del resto de los gobernadores. Casi todos están de acuerdo con su postura y que debe ser cada provincia la que resuelva el conflicto, pero nadie abre la boca. La dejan que se inmole en el altar de la conveniencia.La oposición tiene posturas dispares. Massa, fiel a su estilo, dice poco y nada. Espera y espera, y seguramente esperará hasta último momento para decidir si es candidato. En off le manifestó su apoyo a Vidal, pero en on, silencio. Por supuesto que el kirchnerismo, que sigue dominando la escena peronista, se potencia con el conflicto y fogonea cada capítulo. Sigue la misma lógica oficial de la confrontación, y revive en cada acto, en cada manifestación en la que puede demostrar que no está muerto, que todavía conserva la capacidad de marcar la cancha.Poco importa que los tilden de anti democráticos o exhibir como un logro, en el mismo camión, a Hebe de Bonafini y Aníbal Fernández. O enarbolar el helicóptero al grito de "Macri, gorila, vos sos la dictadura". Al cabo, ese mismo folklore, con un poco menos de potencia, sirvió para los 12 años en el poder, aunque se mancó al final, para ganar la elección de la continuidad.Florencio Randazzo, que todavía se debe preguntar porqué le dijo que no a Cristina cuando le ofreció la candidatura a gobernador en Buenos Aires, está haciendo, por debajo de la superficie sus primeras movidas. Busca tentar con su imagen a los intendentes del Conurbano y dice estar dispuesto a enfrentar a Cristina y a Scioli en un eventual mano a mano. Para los seguidores de la ex presidenta no le da el cuero para enfrentarla, aunque admiten que preferirían no tener que someterse al desgaste de las PASO y a tener que sacar de la mira al enemigo rendidor que es el macrismo.En carrera desenfrenada por hacer evidente la recuperación económica, el gobierno abultó un poco más el déficit los primeros dos meses del año y apuesta, como nunca, al impacto que tendrán los créditos hipotecarios. Como un cirujano un poco torpe, busca evitar que la crisis se siga expandiendo en la clase media, esa que lo llevó al poder.Y darle alguna respuesta a sus motivaciones. La embestida de los últimos días contra el Poder Judicial podría servir de ejemplo. La situación de Eduardo Freiler, un viejo conocido de origen peronista sospechado de hacerle unos cuantos favores judiciales al anterior gobierno, pende de un hilo-. La próxima semana será indagado formalmente por el Consejo de la Magistratura, que sospecha sobre su nivel de vida, que no podría justificar. El oficialismo, que afirma contar ya con la mayoría para destituirlo, pretende sumarlo a la lista de Oyarbide que terminó por renunciar. Aunque esta opción, políticamente correcta, no es la que demanda la sociedad. La gente quiere ver a los corruptos sentados en el banquillo de los acusados y que devuelvan la plata que se robaron. Así de simple y contundente. La renuncia huele a contubernio o salida fácil.En simultáneo la Corte le puso límite a los jueces. La medida, celebrada por la mayoría, también esconde otras cuestiones y volvió a poner en el tapete el feroz enfrentamiento que libran Ricardo Lorenzetti y María Romilda Servini de Cubría. Metida, como siempre, asoma Carrió que aprovechó para echarle nafta al incendio y volver a poner en situación incómoda al Presidente. Lorenzetti ya no sabe a quién creerle. Sospecha que Macri y Carrió juegan al policía bueno y malo, estirando su agonía.Entre tanta confusión, algo de lo que dijo Vidal en sus muchas horas de aire esta semana, quedó como una certeza. Cambiemos llegó para cambiar algo, al menos en la motivación de sus votantes. Si no cambian nada, ¿para qué están? ¿Para ser una continuidad prolija de lo que se fue?Ahí está el desafío ante la elección que se viene. Demostrarle a la sociedad que el camino que la invitaron a recorrer se está recorriendo, entre tantas dificultades. Pero hacen falta señales contundentes. Es probable que lo que pase con la justicia sea una de ellas. Igual con el conflicto docente. Vidal se juega todo a una ficha. Como hizo en el 2015 cuando nadie daba dos pesos por ella.
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