Vientos del sur sopló Francisco
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El papa Francisco golpeó las puertas del capitolio norteamericano y la asamblea general de la ONU. La guerra, el armamentismo, la paz, la vida humana, la inclusión social, el medio ambiente, el narcotráfico, la voracidad de los organismos financieros, son temas centrales que aguardan soluciones. Mario Alarcón Muñiz La visita del papa Francisco a Cuba y los Estados Unidos ha alcanzado resonancia mundial, según lo hemos apreciado a través de los medios informativos y los comentarios de analistas y políticos de diverso origen. Por lo menos en el hemisferio occidental, este acontecimiento ha sido el tema dominante de la semana. En la otra mitad del mundo quizá no tanto, pero tampoco mucho menos, según se aprecia a través de los medios.Más allá de nuestra valoración ligera, a la que seguramente le faltan elementos, se percibe el impacto que ha producido esta vez el viaje papal. No sólo la presencia de Francisco ha sido el sello de acercamiento entre dos países enfrentados durante màs de medio siglo por las ideas de sus conductores. Hay algo más profundo, si cabe.Por lo pronto, quedó en evidencia que el acuerdo de diciembre pasado, por el cual Cuba y los Estados Unidos decidieron reanudar las relaciones interrumpidas durante 55 años, fue el resultado de una negociación directa del Papa, desarrollada con la mayor prudencia y el consiguiente silencio, a tal punto que el anuncio sorprendió al mundo en su momento, inclusive a los mandatarios sudamericanos que en ese momento participaban de la cumbre del Mercosur en Paraná.No debemos olvidar que el espacio de confrontación estuvo durante 55 años ocupado por agresiones frecuentes, un par de intentos de invasión por parte del más poderoso, misiles instalados por el más débil en el umbral de una guerra, miles de exiliados en el medio, severas restricciones comerciales en perjuicio del menos pudiente, en fin, un clima pesado, un aire irrespirable. Francisco sopló vientos del sur. Aquí eran ideas conocidas Bien se sabe, porque la información ha sido abundante durante la semana, que ahí no concluyó la gira papal. Si se observa rigurosamente el panorama, es evidente que se trató del único acto trascendente con resultados concretos. No obstante, hubo otros episodios que colocaron al Papa en el máximo nivel de la atención universal. De modo destacado cabe asignarle valor a sus mensajes, principalmente los entregados al congreso norteamericano y a la asamblea general de las Naciones Unidas.Los conceptos centrales despertaron interés en casi todo el mundo y más de una sorpresa, reflejada a través de los medios de comunicación de varios países. Para los argentinos, en cambio, ya eran ideas conocidas desde los tiempos de monseñor Jorge Bergoglio y sus frecuentes cuestionamientos, reclamos y proyectos a los que nuestros gobiernos les cerraron las puertas. Entonces golpeaba en tapera. Cabe esperar que ahora, en el espacio universal, no le suceda lo mismo. Conceptos centrales en los lugares adecuados A los norteamericanos, desde la tribuna de su capitolio, les instó a la anulación de la pena de muerte, vigente aún en varios estados de aquél país. Reprobó la exclusión social, proclamando que "la distribución de la riqueza es un servicio al bien común". Condenó los fundamentalismos "de cualquier tipo, ya sea religioso, económico o de otra índole". Por eso mismo demandó la solución de la crisis de Siria y la terminación de todos los conflictos armados en el mundo.No menos fuertes -si no más- fueron los conceptos del Papa ante la asamblea general de las Naciones Unidas, el viernes último. En ese ámbito de líderes mundiales con mucho presupuesto, apariencias grandes y eficiencia cero, exhortó a los organismos internacionales a "velar por el desarrollo sostenible de los países y la no sumisión asfixiante de estos a sistemas crediticios que, lejos de promover el progreso, someten a las poblaciones a mecanismos de mayor pobreza, exclusión y dependencia".Abordó, como lo había hecho ante los legisladores yanquis, el problema del medio ambiente y la necesidad de su preservación en defensa de la vida humana. En esa línea demandó "un mundo sin armas nucleares" y la aplicación severa de los tratados internacionales que no se cumplen. Admitió la validez del reciente acuerdo de no proliferación de armamento atómico como un acto demostrativo de que "se puede". A propósito, comentó que "la amenaza de destrucción mutua constituye un fraude a toda la construcción de Naciones Unidas. La existencia de una ética y un derecho basados en esa amenaza harían en la práctica que la ONU pasara a ser las Naciones unidas por el miedo y la desconfianza". Martín Fierro en la ONU El narcotráfico también tuvo su lugar, cuando Francisco señaló que la lucha contra ese flagelo "es una guerra asumida y pobremente combatida en el mundo", denunciando que el narcotrático "va acompañado de la trata de personas, del lavado de activos, del tráfico de armas, de la explotación infantil y de otras formas de corrupción. Ha penetrado distintos niveles de vida, social, política, artística y religiosa, generando una estructura paralela que pone en riesgo la credibilidad de nuestras instituciones", subrayó.Aportó finalmente una de las más populares (y menos practicadas) sextillas del Martín Fierro. Es probable que por primera vez en la historia de las Naciones Unidas el poema de Hernández haya sido recordado en la asamblea general: "Los hermanos sean unidos / porque esa es la ley primera /; tengan unión verdadera / en cualquier tiempo que sea, / porque si entre ellos pelean / los devoran los de afuera".Más vientos del sur. Despejan el ambiente. El tiempo dirá si encuentran velas para navegar.
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