Vínculos comerciales del país con el mundo
¿Seguirá beneficiándose la Argentina, al igual que América Latina, con los buenos precios mundiales de aquello que produce, asociado estrechamente a las materias primas?Si hay que creerle a Paolo Rocca, presidente de Techint, el mayor grupo privado industrial de la Argentina, el ciclo de bonanza de la última década tocó techo, y nada será como antes.El industrial, en un reciente seminario, vaticinó que "en los próximos 10 años la economía mundial no tendrá la dinámica que ha tenido en la primera década del siglo".Eso se reflejará, razonó Rocca, en menores precios para las materias primas. Se acabó el "super ciclo" para América Latina, diagnosticó.¿Es tan importante lo que le ocurra a la economía mundial? Aquí hay dos visiones antagónicas sobre el crecimiento del PBI experimentado por la economía argentina en los últimos años.Por un lado están los que piensan que es un subproducto del "viento de cola" mundial del precio de la soja. La visión del gobierno, en cambio, es que el crecimiento se debió a las virtudes domésticas del "modelo".Ahora que la coyuntura del país es de estancamiento o bajo crecimiento, los razonamientos se invierten: los primeros le echan la culpa a la política económica, señalando que toda la región crece por el "viento de cola" menos la Argentina.En tanto que los segundos, pese a que antes no mencionaban la ayuda de la globalización económica, dicen que si al país le va mal es porque "el mundo se nos vino encima", según la expresión presidencial.Aunque desde el punto de vista político esta pulseada no sorprenda, desde lo económico es probable que ambas visiones pequen de parciales. Como sea, no parece sensato subestimar la inserción comercial del país en el mundo."La mirada que veía al mundo moviéndose alrededor del propio país debe acostumbrarse a observar la nación dando vueltas alrededor del mundo". Ése es el giro copernicano de nuestra representación de la realidad que, según el intelectual Juan José Sebreli, ha impuesto la globalización.La globalidad, nos guste o no, es un destino ineludible y de hecho implica cambios de una "profundidad sólo comparables con el período de transición de la sociedad agraria a la industrial, del feudalismo al capitalismo, incluso en sus aspectos negativos", teoriza el ensayista, en su libro "El malestar de la política".En su reciente exposición, al analizar la dinámica de la Argentina en el concierto del comercio mundial, el titular de Techint lanzó la frase de que hay que "recuperar la competitividad".Ese término es muy empleado en la jerga económica y pretende describir aquellas condiciones estructurales que hacen posible que una nación crezca en riqueza en el mercado internacional.Una persona o cosa es competitiva, según el diccionario, cuando "por su calidad o sus propiedades, es capaz de competir con alguien o algo". En el caso de un país, serían aquellas ventajas que tiene en relación con otros, en la competición (o lucha) económica.Al diagnosticar que hoy los argentinos somos menos competitivos, Rocca habló de que "los costos de mano de obra y de los servicios son elevados". ¿Será que a los industriales argentinos les molesta pagar buenos salarios, como le replicó al empresario no hace mucho la presidenta Cristina Kirchner?Los analistas dicen que el industrial utiliza en realidad un rodeo dialéctico para no decir lo que piensa: que Argentina sufre "atraso cambiario" (o peso sobrevaluado), producto de la inflación interna acumulada, lo que impide exportar.
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