Violencia en el fútbol: la lógica del aguante
Para algunos la violencia en el fútbol argentino es la triste caja de resonancia de unasociedad incivilizada. Aunque puede ser visto como una forma de entender la vida de unsector, que se proyecta luego al resto.La explicación corriente del fenómeno remite a la idea de que cuanto ocurre en lascanchas es un reflejo de los valores y conductas dominantes de la sociedad en cuestión.Bajo este concepto el fútbol argentino, en su desmesura y violencia, sería unepifenómeno de la degradación de las relaciones sociales y de la cultura del país.Sin embargo hay sociólogos que cuestionan esta idea del "reflejo", según la cual lo queocurre en lo social ocurre en el fútbol, o al menos ponen en cuestión la linealidad deeste razonamiento.Es el caso de Pablo Alabarces, quien en su libro "Héroes, machos y patriotas" sugiereque en todo caso lo que expresa la violencia en el fútbol es la fragmentación social de laArgentina.En un país donde hay ausencia de proyectos colectivos de envergadura, ser hincha defútbol, ser miembro de una barra brava, brinda una entidad colectiva, un protagonismo,una experiencia.Da también prerrogativas en el club de pertenencia, luz verde policial para esto oaquello, plata, negocios de distinta magnitud -drogas incluidas- y por cierta impunidad.Es decir, en este territorio el hincha o barra obtiene "conquistas" que no se logran enotras entidades colectivas. Y es en este nicho sociológico, dice Alabarces, donde segesta una forma de entender la vida, la cual se expresa en el llamado "aguante".Esta metáfora remite a la última línea, el bastión del hincha. "El lugar que no se resigna,que no sabe de otra cosa que exponer la vida, el cuerpo. Es una geografía donde sedefiende mercadería, logros", refiere Alabarces.Y añade: "'Nosotros aguantamos', dicen y bajan línea hacia la dirigencia del club, quesiempre negocia, por supuesto. ¿Y qué se aguanta? Lo distinto, todo lo que no pertenecea este lado del aguante, hay que aguantarlo, enfrentarlo, lucir la fuerza, el cuerpo, en eseenfrentamiento".El sociólogo da un paso más: frente a la idea de que el fútbol refleja a la sociedad,invierte la ecuación. "Yo diría que la sociedad refleja al fútbol", sostiene. El aguante seexpande, gana otros lugares de la sociedad.De esta manera los roqueros aguantan, al igual que los pibes que van a los boliches, y lacultura del aguante se traslada al mundo del espectáculo y sobre todo al de la política,donde suena como un grito de guerra."O sea, el lenguaje del aguante expresa la voluntad de no buscar acuerdo, es buscar sólola disputa. Aguante que comenzó en las canchas del fútbol más violento del mundo, elnuestro", refiere el autor de "Héroes, machos y patriotas".La idea de que una hinchada tenga "aguante" la convierte en una hinchada legítima.Aquí la violencia "no pasa por ciertos sujetos excepcionales, que son los que estánentrenados para pelearse, sino por toda una cultura futbolística para la cual teneraguante es un bien preciado y positivo". El subsistema del fútbol, con su cultura del aguante, es financiado por el dineroclandestino. "Ese dinero no lo genera la barra, sino las dirigencias deportiva, política ypolicial", sostiene el autor.Para Alabarces es un contrasentido que los responsables de que ese excedenteeconómico exista puedan a la vez desarrollar políticas para prevenir la violencia en elfútbol.
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