Vivimos en la era del maquillaje
La antiquísima práctica de acicalarse, de decorar la piel y el cuerpo para tener un buen aspecto, ha devenido en una estrategia de seducción social común en una cultura que privilegia la apariencia. El Diccionario define al maquillaje como la "acción que consiste en aplicar productos cosméticos sobre la piel, especialmente la del rostro, para darle color, embellecerla, cubrir algún defecto o caracterizar a una persona".El uso de cosméticos es antiguo. Se ha encontrado evidencia del uso de maquillaje para los ojos y ungüentos aromáticos en tumbas egipcias que datan del año 3500 a.C.Los egipcios, los romanos, los griegos y las culturas del Medio Oriente habían desarrollado cosméticos tales como polvos para emblanquecer la piel; antimonio para oscurecer los párpados, cejas y pestañas; rubor para las mejilla, entre otras técnicas.Es decir, se está en presencia de un artificio, una práctica común entre culturas y una convención desde hace millones de años. En los ritos tribales, su presencia es muy fuerte.El maquillaje ha estado asociado a la mujer, al punto de convertirse en un arte y en una parte integral de la belleza y la psicología femeninas. Aquí funciona como un mecanismo de camuflaje que mantiene fuera de la vista las imperfecciones.Las expertas en maquillaje aseguran que su poder consiste en reflejar y resaltar mejor la personalidad de cada mujer. Es un artilugio imprescindible para mostrar una imagen cuidada y causar una buena impresión en los demás.Pero hoy el deseo de lucir mejor, oler mejor y así sentirse mejor también es patrimonio de los hombres, cada vez más preocupados por su apariencia externa.Arnaud Aubert, catedrático del departamento de Neurociencia de la Universidad Francois Rabelais (Francia), que investiga sobre la "sintaxis del maquillaje", cree que en ella se juegan muchas cosas.En su opinión, el ser humano juzga, en un segundo, no sólo el atractivo, sino también el perfil moral de la persona en cuestión. La imagen nos basta para decidir -de manera inconsciente- si alguien es honrado o no.Por tanto no se trata de un tema frívolo o superficial, dice Aubert, para quien la apariencia, como la palabra, vehiculiza información sobre la salud, el sexo y la psicología. "Lo interesante es que esos datos se puede modificar con tan solo un brochazo", sostieneA todo esto Nancy Etcoff, una prestigiosa psicóloga de la Harvard Medical School, también dedicada a estudiar el fenómeno de la apariencia corporal, explica: "Aunque no nos guste reconocerlo, estamos programados para juzgar el libro por la portada".En este sentido, señala que "las personas atractivas nos parecen más talentosas, sociables y buenas", algo que se conoce como "efecto del halo de la belleza".El maquillaje, por tanto, ha extendido su uso más allá del mundo de los estilistas para transformarse en una estrategia consciente de coqueteo social, con el propósito de triunfar en todos los campos.La práctica hace tiempo ha colonizado, por ejemplo, la política. Los candidatos se maquillan para salir en televisión, en una campaña publicitaria o incluso para asistir a un acto público.La tendencia al camuflaje en gran escala no deja de ser inquietante. Como ha reconocido un cosmetólogo: "Es como si hubiéramos perdido las esperanzas acerca de la autenticidad".Muchas veces se pierde de vista, en efecto, que debajo de tanto maquillaje se esconde la persona real, que en su afán de conseguir aprobación se "produce" para parecer otra.
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