¿Vivimos en una época en la que no se cree en nada?
Es bastante común escuchar que vivimos en una sociedad nihilista, que la gente ya no cree en nada. Asistiríamos, así, a un período histórico donde el clima espiritual estaría dominado por el sinsentido y la actitud relativista ante los valoresMiembro de una generación del fin, del desencanto, el hombre del siglo XXI sería un descreído crónico. Lo que lo definiría es su nihilismo, palabra que viene del latín "nihil", que significa "nada".Algunos espíritus profundos visualizaron ya con anticipación, y con espanto, este clima de indolencia radical, esta pérdida de voluntad de sentido, como es el caso de Antoine de Saint-Exupéry.En 1943, situado en una base militar gaullista de Le Marsa, cerca de Túnez, el célebre autor de "El Principito" envió una carta a un superior (el título exacto es "Carta al General X"), que es una confesión posmoderna.Un desgarrador lamento en el que el poeta gime por la fealdad de una época desespiritualizada, donde los hombres desesperan por darle un sentido a sus vidas:"Hoy estoy triste, y profundamente. Estoy triste por mi generación que está vacía de toda sustancia humana (...) Hoy somos más áridos que los ladrillos (...) Todo lirismo parece ridículo y los hombres rechazan ser despertados a cualquier vida espiritual". Hay varios nihilismos según las perspectivas que se asuman. Está el epistemológico, que niega la posibilidad del conocimiento y la verdad, y está el ligado al escepticismo extremo.El nihilismo político defiende la previa destrucción de todos los órdenes políticos, sociales y religiosos, en tanto que el ético rechaza la posibilidad de la moral absoluta y de los valores éticos.También existe el nihilismo existencial, la visión más conocida, según la cual la vida no tiene ningún significado ni valor intrínseco. Se puede postular, en términos generales, que el nihilismo es la "creencia" en la nada, que no es lo mismo que la ausencia de creencias.Cuando alguien dice "no creo en nada" está diciendo algo así como "donde los demás sostienen creencias (en dioses, en sí mismo, en ideologías políticas, etc.) yo no sostengo ninguna".El problema está en que en cierto sentido esto es una creencia en sí: "creo que no creo en nada". Aquí escoger creer en la nada entrañaría una paradoja, ya que no se puede eludir el hecho de que se "cree" igual.Es el drama de todo nihilismo, que aun negando no puede dejar de afirmar. Es como un círculo vicioso: no creo en nada, no conozco nada, dudo de todo; pero a la vez no dudo de que dudo de todo, creo que no creo en nada, conozco que no conozco nada.Los antropólogos, al respecto, han llegado a la conclusión que no hay sujeto humano que pueda vivir sin creer en algo (y la "nada" entraría en ese algo). Las creencias, por tanto, responderían a una necesidad ancestral.Algo parecido decía el escritor católico Gilbert Keith Chesterton, aunque en respuesta al ateísmo moderno: "Cuando se deja de creer en Dios, enseguida se cree en cualquier cosa".Es decir, hay multiplicidad de nombres para la creencia: Dios, ciencia, naturaleza, dinero, sexo, mitos e incluso el mismo ateísmo, que se asienta en la creencia de que Dios no existe.En este sentido la expresión "vivimos en una época donde la gente no cree en nada", podrá aludir, en todo caso, a una sustitución de antiguas ideas por otras igual de poderosas.Y en este sentido, contra lo que postula el nihilismo, no hay sujeto humano que pueda vivir sin creer en algo.
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