Volcanes, la fuerza oculta de la Tierra
La reciente erupción del volcán Calbuco (sur de Chile), nos recuerda la actividad interior del planeta. El magma que aflora abruptamente hacia la superficie ofrece un espectáculo tan magnífico como aterrador. Una apariencia de quietud, de inmovilidad, de regularidad física, nos impide ver que en realidad la Tierra se modifica permanentemente. Eventos como las erupciones volcánicas nos anotician, cada tanto, de esa transformación.Que grandes montañas expulsen de manera violenta minerales y gases ardientes, que estaban contenidos en su interior, revela una frenética actividad terráquea, que no condice con una imagen estática y congelada del planeta.La expulsión de lava, gases y cenizas, a través del cráter del volcán, se origina en una presión interna, semejante a la que se produce cuando se sacude una botella de agua gasificada.Los diferentes tipos de erupciones volcánicas se explican por la naturaleza del magma. Con ese nombre se designa la materia en estado semifluido y muy caliente que forma la región situada debajo de la corteza terrestre.El magma, sometido a altas presiones y elevadas temperaturas, tiene tendencia a ascender. Pero su progresión es obstaculizada por las rocas que están por encima. Sólo pueden alcanzar la superficie si esas rocas se fracturan, sea por fallas o por chimeneas.Cuanto más caliente es el magma, más fluido es. Y asciende más fácilmente cuanto más sometido a presión está. Cuando esa presión es suficiente para expulsar el magma a la superficie, hay una erupción explosiva.En las últimas décadas, la Patagonia sufrió varias erupciones, que dejaron grandes pérdidas humanas y económicas. En el límite entre Chile y Argentina hay cerca de 100 volcanes en actividad. En cuanto al Calbuco, ubicado del lado chileno a 108 kilómetros en línea recta a Bariloche, se "despertó" (entró en erupción) después de 43 años.La vulcanalogía es el estudio de los volcanes, la lava, el magma y otros fenómenos geológicos relacionados. Esta ciencia toma su nombre prestado de Vulcano, el dios romano del fuego.La vigilancia de los volcanes permite en parte prever sus erupciones y limitar el número de víctimas, por ejemplo a través de las evacuaciones. La previsión se apoya sobre datos históricos y sobre observaciones a nivel del subsuelo.También se utilizan satélites, que permiten detectar derrames de superficie (lavas y gases) y modificaciones en la superficie ('inflamiento' del volcán, fallas, entre otros fenómenos).La consecuencia más mortífera de una erupción volcánica es la aparición de nubes ardientes: son nubes de gases salidas del magma, que contienen cenizas y elementos más gruesos.Según los expertos, hay varios tipos de volcán, que se distinguen por la manera en que hacen sus erupciones. En algunos casos la lava muy fluida se derrama rápidamente, sin producir explosiones.Otros volcanes son netamente explosivos. Y durante la erupción, un gigantesco penacho de cenizas volátiles se eleva hasta decenas de kilómetros de altura. La erupciones volcánicas nos anotician que la Tierra está en constante transformación. También nos remite a que en sus orígenes el planeta era una bola ardiente de rocas líquidas.Paulatinamente su temperatura disminuyó y una corteza sólida se formó en la superficie. Pero según los geólogos, fuertes temperaturas reinan aún en sus profundidades y cada tanto los materiales sometidos a alta presión irrumpen en forma violenta a su superficie.
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