Volver a poner a la comunidad en el centro
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Frente al avance de la Inteligencia Artificial, el periodismo tiene un gran desafío por delante y hay una pregunta que se vuelve inevitable: ¿Cómo seguimos siendo relevantes para la gente?
En el último tiempo, seguramente vos, lector, tuviste alguna interacción con la Inteligencia Artificial, puede que no de forma directa, pero es posible que le hayas hecho alguna pregunta a tu nieta, nieto o a tus hijos, y que ellos te hayan contestado: “Ahora le pregunto a la IA”.
Por ahí una de esas inquietudes haya sido ¿cuándo viene el Papa a la Argentina?, ahora que el tema monopoliza la agenda mediática y la conversación pública. Y muy posiblemente no hayas tenido que entrar a ningún portal de noticias para dar con la información. De forma automática, “los agentes de IA” hicieron un resumen para vos con los datos más relevantes y te informaste. ¡Qué maravilla! ¿No?
Sin embargo, esa sabiduría, que no se nutre más que con inteligencia humana, constituye una barrera entre quienes hacemos periodismo y nuestro público. Y esto ¿por qué? Porque básicamente, ese resumen está hecho a partir de información que periodistas de carne y hueso investigaron, constataron y escribieron total o parcialmente a partir de sus propias capacidades, pero a las que los lectores sólo accedieron de forma parcial, fragmentada e incompleta.
No me malinterprete, no soy una persona apocalíptica con respecto a los avances de la tecnología, pero tampoco una fanática.
Ahora bien, lo que sí soy es optimista y creo que esta es una maravillosa oportunidad para que quienes hacemos periodismo nos preguntemos cómo hacemos para sortear esa barrera. La clave está en nuestra gente.
En este mundo fuertemente contradictorio conviven dos fenómenos que parecieran opuestos: un importante medio apuesta a la versión impresa de sus noticias para alentar a las nuevas generaciones a leer en papel y así lograr que tengan una mayor y mejor comprensión de los textos; y en varias partes del mundo, incluida Argentina, los jóvenes se encuentran para leer, pausar el tiempo y consumir más lento; y a la vez, existe el vertiginoso y frenético ritmo de las redes sociales, los algoritmos y la inteligencia artificial.
En este contexto, volver a poner a la comunidad en el centro se convierte en la clave porque si logramos contar historias valiosas para nuestros lectores y la sociedad en general, muy posiblemente, no se conformen con un pequeño resumen, sino que quieran zambullirse en los detalles, en la narración de quien escribe, en la piel y los zapatos de quienes cuentan.
La curiosidad, el sentido de pertenencia y la representación son elementos que enganchan al público, pero ¿de qué forma lo hacemos?: poniendo a la gente en el centro. Y qué significa esta frase que no paro de repetir. Significa que debemos agudizar nuestra escucha y entender qué es lo que le genera curiosidad, sentido de identidad y representación a quienes nos leen y a quienes no, también.
Contar historias de nuestras comunidades para nuestras comunidades no solo es una de las grandes misiones del periodismo local, sino la única forma para lograr cruzar la barrera que nos está alejando de la gente.
Y en esta aventura que tenemos por delante, podemos usar a la IA como aliada. ¿Cómo? Una opción es que nos ayude a monitorear a través de las conversaciones que generan nuestras notas en redes sociales, qué temas son los que más interesan, de qué tipo de historias está más ávida la gente. Por otro lado, pueden, siempre con supervisión humana, agilizar la redacción de noticias con menos alma, esas que pueden resumir en pocas líneas y que no generan curiosidad en las personas, pero que como medio es necesario tener. Y de esta forma, nos “regalen” tiempo para abordar problemáticas e intereses de mayor valor y que, por lo tanto, demandan más de nosotros.
Tiempo que nos permita salir a la calle, tomarnos varias horas para mirar, escuchar, procesar y luego volcar en la escritura. Tiempo para detenernos a pensar de qué manera seguir acercando a las personas información en un mundo convulsionado y que cada vez va más rápido.
Un remisero terminó de convencerme sobre lo imperioso que es volver a escuchar atentamente a nuestra comunidad. Casualmente, me subí a su auto luego de cubrir la audiencia en el Juzgado Federal, que se hizo esta semana, en el marco de la causa que investiga la contaminación provocada por el mal funcionamiento de la Planta de Tratamiento de Efluentes del Parque Industrial. Cuando le dije que me dirigía al diario, se interesó por mi trabajo y me preguntó qué había estado haciendo en el Juzgado. Brevemente le respondí y me manifestó que era un tema que le parecía muy importante, pero que, por la vorágine diaria, no se detenía a informarse al respecto. Su respuesta me quedó resonando porque me confirmó que las personas quieren estar enteradas de lo que pasa en su ciudad y, al igual que los periodistas, se enfrentan al desafío de encontrar cómo hacerlo.
¿Cómo frenar frente a la necesidad constante de llevar la comida a casa? ¿Cómo hacer un lugar en la agenda diaria para informarse? ¿Qué tiempo y energía mental nos queda después de las exigencias de la vida adulta para hacerlo?
Como comunicadores, podemos y debemos encontrar la manera de pensar nuevos formatos para informar, que se adapten a los tiempos de nuestra época y de nuestra comunidad, y debemos estar muy atentos a sus necesidades. Es momento de ser creativos y tejer alianzas con creadores de contenido en redes sociales y con la IA para volver más cercana y atractiva la información y las historias.
De lo contrario, seremos incapaces de garantizar el derecho a la información y la sociedad tendrá herramientas acotadas para pensar y contarse a sí misma.

