Volver a enseñar que la comida no se tira
En el pasado, en los hogares argentinos conformados por inmigrantes que conocieron la penuria, se solía escuchar casi como una letanía que había que cuidar las cosas y que era un sacrilegio tirar la comida.En algunas familias creyentes, antes de comer, todavía se suele agradecer a Dios por los alimentos, que entran dentro de la categoría de regalo divino.Bendecir la mesa, así, es una costumbre antiquísima que consiste en una acción de gracias. Y suele ser también una petición para que no falte el pan. El alimento, en suma, viene de Díos y es para todos.Dentro de esta tradición, donde los frutos de la tierra tienen valor sacramental, quejarse por la comida (el "pan nuestro de cada día", como dice el Padrenuestro) no sólo equivale a ser desagradecido, sino que representa una ofensa a Dios. ¡Y cuánto más si se la tira negligentemente!Pero esta cultura ha cedido frente a la "cultura del desperdicio" propia de la sociedad de consumo, donde en muchos casos la comida en lugar de ser sagrada es más bien algo descartable, que puede tirarse sin escrúpulo ni complejo alguno.Algunas estadísticas confirman esta tendencia. En efecto, se tiran cada año casi 30 kilos de comida por persona en la Capital, según un reciente relevamiento de la Universidad de Buenos Aires (UBA).Cada día van al basural entre 200 y 250 toneladas de alimentos que podrían haberse aprovechado. Y al dividirse ese número por la cantidad de población, surge que cada habitante derrocha en promedio casi 30 kilos de comida por año: el equivalente a unas 75 raciones."De los ancestros inmigrantes, la Argentina tenía una cultura muy arraigada de que la comida no se tira, pero hoy vemos que ese valor se ha perdido", afirmó Silvina Ferreira, miembro de la FAO, la agencia de Naciones Unidas que lucha contra el hambre.Muchas familias, seducidas por ofertas, compran más alimentos de los que pueden usar antes de que se venzan. Además descartan por cuestiones estéticas productos que son aptos para consumo humano.Por otro lado, en las familias donde ya no se cocina (que son muchas) no sólo se ha perdido el contacto directo con los alimentos. Tampoco se sabe qué hacer con las sobras, ya que las recetas de la abuela para aprovecharlas se han olvidado.Los derroches se producen mientras falta comida en muchos hogares del país. "Además, tirar alimentos es desperdiciar los recursos naturales usados para producirlos", apuntan desde la FAO.Al respecto, es notable que el Papa Francisco haya llamado a combatir la cultura del descarte de las personas y del derroche de los bienes. Es un mensaje dirigido a cuidar a los débiles y más pobres de la sociedad, y a la naturaleza en su conjunto.En otras ciudades del mundo hay estrategias dirigidas a ponerle freno al desperdicio. En Barcelona, España, se lanzó en febrero de este año la campaña "La comida no se tira". Talleres gratuitos de cocina y acciones teatralizadas en una veintena de mercados de la ciudad, constituyen el eje de la acción de la alcaidía local.Su objetivo es concienciar del derroche alimentario que se produce en los hogares, introducir nuevos hábitos de aprovechamiento de la comida y difundir prácticas de prevención ante la generación de residuos, tanto a la hora de ir a comprar como cuando se cocina o se quieren conservar los alimentos.Sería interesante que en Argentina se imiten este tipo de acciones. También que en los hogares se recupere la pedagogía de nuestros abuelos de que resulta un sacrilegio tirar la comida.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

