Zafar con la soja
Tras los devaneos neo-industrialistas de estos años, y la cruzada K contra la oligarquía del campo, la Argentina ató su destino al denostado "yuyito", en el que están cifradas todas las expectativas.La elite argentina, tan desarrollista de la boca para afuera, tan infatuada en su discurso progre, ha logrado que el país dependa de un poroto. El dato es que la Argentina se ha vuelto sojadependiente.La sojización de la agricultura argentina ha llegado a niveles extremos. Casi el 70% del área sembrada se destinó a este cultivo, mientras para la cosecha 2010 se espera una producción de 53.000.000 toneladas.A 350 dólares la tonelada, eso significa 18.550 millones en moneda norteamericana. Dado que todo se exporta, y en virtud del 35% de los derechos de exportación que pesan sobre el cultivo y sus sub-productos, el Estado espera recaudar algo más de 6.000 millones de dólares.El gobierno K, para quien los productores agrarios son la quintaesencia de la maldad, se relame frente a ese cifra. Mientras públicamente se manifiesta contrario a la sojización, las necesidades de caja hacen que por lo bajo la aliente.Hay que pensar que para 2010, la oferta de soja aumentará 21.000.000 de toneladas respecto del año anterior, donde por la sequía y por los conflictos entre el campo y el gobierno, la Argentina produjo menos (32.000.000 de toneladas).¿Qué pasará con el precio de la soja? Esta es la pregunta del millón para un país poroto-dependiente. ¿El mundo va a seguir demandando este grano? ¿Pagará buen precio por el volumen adicional argentino?.El economista Aldo Ferreres instala un interrogante. Dice que China seguirá comprando, pero también producirá ella misma soja. Por otro lado, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, calcula la producción mundial para 2010 en 246 millones de toneladas.Eso significa, dice, 35 millones más que el año anterior. Si el consumo no crece tanto, y si los stocks de producción altos para el momento de la cosecha argentina se confirman, "el precio podría bajar a 300 dólares la tonelada o aun menos".Esta hipótesis, de confirmarse, puede ser dramática para la economía argentina, toda vez que implicará una menor recaudación en un momento donde el superávit fiscal se derrite, sostiene Ferreres.Por otro lado, supondrá un severo impacto tanto para el campo como para las ciudades del interior del país, que viven del movimiento de la soja. Conclusión: los argentinos deberán seguir con detenimiento el precio del poroto en Chicago, donde se juega nuestra suerte.Esto de apostar a una sola ficha, esperando un golpe de buena fortuna, empalma con la idiosincrasia de un país que en lugar de generar con esfuerzo e inteligencia un modelo de desarrollo sustentable, siempre busca zafar en la contingencia.Zafar es superar un obstáculo sin demasiado esfuerzo. Es el camino del facilismo, del atajo, y la irresponsabilidad. Zafar es salvarse. Es sobrevivir. En eso anda la Argentina, que sigue fantaseando con que una cosecha la va a salvar.El gobierno K, que asienta su poder en la Caja, también quiere zafar. Por eso alienta la sojización, manipulando los precios del mercado, aunque hipócritamente demonice a la oligarquía y al modelo agroexportador.Los productores también se salvan con la soja (su costo es menor y promete mejores márgenes), aunque saben íntimamente que eso tiene un costo para sus tierras, ya que la sobreexplotación de un cultivo la degrada.El monocultivo, además, se hace en desmedro de otros cultivos, como el trigo y el maíz. La Argentina, así, está destruyendo su diversidad productiva. ¡Pero esto a quién le importa, si de lo que se trata es de zafar!
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

