Zafó Menem, zafa Cristina pero la que se queda renga es la República
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No somos ni más ni menos corruptos que en otros lugares del mundo. La deshonestidad en la función pública al menos es un patrón de conducta habitual en muchos países. La diferencia es que, de vez en cuando, alguno va preso. Jorge Barroetaveña En Argentina eso se ha convertido en una rémora, agravado por la ausencia de credibilidad en el Poder Judicial. Aquí, los jueces, son tan poco creíbles como políticos y sindicalistas. Triste.Si fue una coincidencia o no sólo los protagonistas de la historia lo saben. Todavía estaba quemándose en la parrilla el Ministro Garavano cuando se conoció el fallo de una Cámara Federal consagrando la impunidad de la venta de armas a Croacia y Ecuador. El dato es que dos de los tres jueces no se pronunciaron sobre el fondo de la cuestión: es decir si el ex Presidente Menem era culpable o inocente. No, para ellos pasó el tiempo, la causa prescribió y no tiene sentido hablar sobre las responsabilidades. Claro, Menem cargaba sobre sus espaldas una condena de 7 años que nunca cumplió ni cumplirá, simplemente porque pasó el tiempo. ¿Qué responsabilidad tiene toda la cadena judicial, incluídos los abogados, en la claudicación del sistema? Por supuesto que nadie se hará cargo de lo que pasó. Aparecerá otro caso que sepultará a otro y así seguirá la historia. Menem tiene desde hace tiempo cobertura judicial, de hecho obtuvo otro fallo polémico que lo autorizó a ser candidato y finalmente poder asumir como senador. ¿De quién? De la propia Corte Suprema de Justicia. Miguel Angel Pichetto actúa también como un fiel cancerbero de su libertad, porque también le viene dando una mano desde el Senado, así que seguirá pasando el tiempo y no pasará nada.Unas horas antes, el Ministro de Justicia Germán Garavano había provocado una hecatombe en Cambiemos. Quizás su intención no fue referirse al caso puntual de la ex presidenta, pero nadie puede pensar que sus dichos fueron inocentes. No hay consideraciones que no sean políticas en un ministro de la nación. Pasa que Garavano blanqueó lo que piensa buena parte del gobierno que no quieren que Cristina vaya presa simplemente por conveniencia electoral. No hay guía de transparencia ni nada por el estilo, apenas intereses políticos. Es el viejo axioma al que se abraza Cambiemos cuando llega una elección. Pasó en 2015 y se repitió más fuerte en el 2017. El fantasma de la ex presidenta sobrevuela a una parte de la sociedad que no la puede ver ni en caja de fósforos. Es lo más parecido a la grieta, por más que algunos se empeñen en negarla. Mientras ella esté, será más fácil dividir aguas y evitar otros debates vinculados a la gestión. Pero a este fantasma rendidor algún día se le terminará el combustible. Cuando ocurrirá nadie lo sabe pero es un riesgo que corre el gobierno.Quizás sea el propio peronismo el que acabe con esa abstracción y termine quedándose con esos votos que parecen tener nombre y apellido. O no, o será la propia Cristina la que guiará su tropa hasta la batalla de final incierto.Hay un peligro en lo que blanqueó Garavano. En el 2015, uno de los secretos que lo convirtió a Macri en Presidente fue el hastío a la corrupción. Los años de kirchnerismo dejaron un legado institucional rengo y una ristra de sospechas sin aclarar. En el 2017, pese a los vaivenes económicos, esos votos fueron a parar al mismo lugar. ¿Se repetirá el fenómeno el año que viene? Sin economía, ¿Macri podrá darle a sus votantes garantías de vigencia de un sano deseo institucional? Es evidente que los dichos de Garavano las ponen en duda y el berrinche posterior de Carrió las resalta. Pese a hablarlo con Macri ratificó su intención de pedirle el juicio político y nadie se atreve a pronosticar hasta dónde llegará su enojo. Pero el cimbronazo fue fuerte. Como si le faltara condimento al ambiente caldeado que todos los días cocina a fuego lento la economía.El dólar cerró ayer su primera semana de cierta calma, después del anuncio de la banda cambiaria. Los números de la economía siguen dando rojo y seguirán así por varios meses. Crecerá el desempleo, la inflación y la puja por el presupuesto en el Congreso promete ser pantagruélica. Gobernadores, legisladores y Ejecutivo pugnarán por ver quién paga menos costos del ajuste. Y van a tironear lo que sea necesario. De lo que todavía no se dio cuenta la clase política es que, la corrupción pública con su correlato privado, también genera pobreza. Y la pobreza desigualdad. Y la desigualdad miseria. Es un camino inexorable que a muchos no les importa recorrer. Y si la corrupción trae como socia a la impunidad se completa el combo.El mensaje de la absolución de Menem por prescripción es mortal. Un tiro en el pie en las expectativas y los deseos de cambio. El pensamiento de Garavano, le pone el remache final. Así no. No habrá reforma que nos salve ni buena cosecha que nos saque del pantano. No sirve. Me acuerdo del preámbulo de la Constitución y del interés general. Letra muerta parece.
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