Zonas verdes y calidad de vida
El desafío de construir una ciudad que merezca vivirse, o de crear una forma de vida urbana sustentable, debe tener entre sus ejes estratégicos las áreas urbanas verdes.Se diría que no hay ciudadanía sin un espacio público jerarquizado y acaso la gestión de los gobiernos locales debería medirse por el estado que presentan estos enclaves.Una ciudad que no pueda ofrecer a sus vecinos suficiente cantidad de espacios verdes de calidad, de acceso público y distribución homogénea, proporcional al número de habitantes, se convierte en un hábitat que conspira contra la "calidad de vida".De hecho la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera a la superficie de las ciudades destinadas a los espacios verdes por habitantes como un indicador de calidad de vida urbana.El organismo internacional recomienda como valor medio de este indicador la relación 10 a 15 m2 de espacios verdes por habitante. Aunque más allá de este índice, de lo que se trata sobre todo es que esos espacios sean de calidad.¿Qué sentido tiene acumular plazas, parques y paseos públicos degradados, vacíos urbanos que contribuyen a la polución, lugares abandonados, sin función ni uso social?Las funciones de los espacios verdes urbanos son múltiples. Históricamente han sido los principales articuladores de la vida social. Las "plazas mayores" de las ciudades argentinas fueron concebidas con ese cometido.Ese primer escenario se constituyó en la etapa colonial, fijado por las Leyes de Indias, que otorgaban forma y carácter a la ciudad hispánica. Así, en torno a las plazas mayores se situaban la iglesia mayor, el cabildo, el fuerte, las tiendas, que a su vez eran símbolos de poder de la época.Pero la idea de "plaza" ha ido cambiando de paradigma en función de los cambios sociales, al igual que otras zonas verdes. En general cuando estos espacios fueron creados, estaban dirigidos a un radio de usuarios determinado y con expectativas de uso específicos.El déficit de zonas verdes que presentan tantas ciudades argentinas obedece a que estos espacios no acompañaron el desarrollo urbano. La falta de inversión en parques y paseos se muestra en el hecho de que se destina menos suelo para ellos.A algunos gobiernos comunales les cuesta concebir esta sencilla regla: al aumentar la densidad urbana, los espacios verdes ven desbordada su capacidad de carga, lo que requiere por tanto la generación de nuevos.Se dice con razón que los parques, plazas y paseos son lugares de encuentro, de integración y de intercambio social; promueven la diversidad cultural y generacional de una sociedad.También generan valor simbólico, identidad y pertenencia. Por sus cualidades intrínsecas, los espacios verdes públicos además cumplen en la ciudad funciones estéticas, enriquecen el paisaje urbano y asumen un papel central de oxigenación.Asimismo, contribuyen en la regulación hídrica y ofrecen un ecosistema urbano apropiado para la conservación de la biodiversidad. Pero también se sabe que las áreas urbanas verdes son una fórmula contra las enfermedades.Un reciente estudio de la Universidad de Miami asegura que las ciudades que incentivan los espacios con más vegetación reducen las tasas de afecciones crónicas como diabetes e hipertensión.La investigación invita a relacionar la existencia de espacios al aire libre con el desarrollo de actividades físicas que combaten la vida sedentaria. También con la posibilidad de aplacar el estrés y moderar los niveles de contaminación ambiental y acústica.
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