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Opinion | Belén Biré

"Desatar nudos" para prevenir violencias

Pensar e implementar políticas públicas para prevenir las violencias por razones de género, es urgente, las estadísticas nos muestran una mujer muerta por la violencia machista cada día.

El Estado en su completitud debe llegar a la población de todas las maneras posibles, abordar lo naturalizado, aquello con lo que hemos crecido creyendo que así nos tocó. El femicidio es el último eslabón de una cadena de violencias que es importante identificar para poder hacer algo que nos permita corrernos de vínculos violentos. Para ello, es sumamente necesaria la tarea pedagógica, hablar, remitirnos a nuestras infancias, a aquellos lugares comunes que hemos habitado y han marcado maneras y formas de actuar. Pensar en cuántas veces nos limitaron a jugar de cierta manera o con ciertos juguetes solo para responder al orden de género que tanto daño nos ha hecho y nos hace imponiendo y legitimando conductas. La Ley de Educación Sexual Integral es el instrumento político más necesario para trabajar esto al igual que la Ley Micaela. No cabe duda alguna que, siendo aplicadas, nos espera un futuro mejor.

La pregunta que nos abunda es, ¿cómo trabajamos con los varones?

Hace días nuestro Municipio culminó un espacio de formación para funcionarias y funcionarios, trabajadores y trabajadoras que asumen responsabilidades diferentes pero con el mismo proyecto en común: una sociedad cada día más justa. En ese camino es que formarnos y obtener herramientas que nos permitan dilucidar las relaciones de poder que nos vulneran en diferentes contextos, nos permitirá llevar adelante un plan que tiene por nombre “Desatando Nudos”, que abarca el abordaje con los varones de nuestra comunidad. Desatar ese nudo que alguna vez se hizo cuándo nos dijeron que llorar no es de hombre. Desatar el nudo que se hizo aquel día en que mandamos a pelear al hijo varón a las trompadas con otro varón o varones, sin sugerirle que hablar y solucionar problemas sin violencias también es parte de la resolución de conflictos entre ellos. Desatar el nudo de aquel niño y de aquel adulto que lo mandó a pelear, porque el miedo a que lastimen a un hijo, pudo menos que el mandato de “hacerse hombre” ejerciendo violencia.

Los nudos que fuimos haciendo han atado nuestras emociones, han atado la posibilidad de expresar sentimientos, han atado ganas y deseos, han generado violencias, y ya es hora de desatarlos, y eso es a través de la implementación de políticas públicas. Hace un tiempo, en una ronda con mujeres de un barrio de la ciudad donde charlábamos sobre las violencias, un vecino preguntó desde su casa: ¿y nosotros para cuándo? Y entendí que allí también remite lo necesario de la política, la política humanizada, porque los hombres, nos dice Rita Segato, también son víctimas del patriarcado.

La socialización masculina en el marco de la estructura jerárquica de la masculinidad hegemónica es una forma de violencia en si misma nos dice Matías De Stefano, uno de los formadores que llevó adelante el espacio de masculinidades. Crecer mutilando emociones, sentimientos, ganas y deseos sólo por ser varones, es sumamente violento y doloroso y forma parte de un sistema de dominación que necesita de mandatos que nos moldeen. Trabajar retrospectivamente sobre nosotros nos permite visualizar ritos que nos han sucumbido en la imposición de la masculinidad hegemónica, como lo es “la primera vez para un varón” por ejemplo, experiencia que para muchos ha sido traumática, no deseada e incluso impuesta por adultos.

Algunos de los testimonios con los que trabajamos “yo nunca tuve un beso o un abrazo de mi viejo, todo era miedo” (Patricio, 35 años), nos muestran cómo se ha atravesado la infancia siendo varones. Siempre me pregunto qué distintas serían las paternidades si le ofreciéramos a nuestros hijos varones la posibilidad de jugar a ser padres, de alzar bebotes, de que sea parte de su imaginar la paternidad amorosa.

Así resulta la importancia del trabajo con los varones, lejos de desresponsabilizar a quienes han ejercido violencias, nos interpela comprender en contexto y desde la interseccionalidad aquello que ha marcado nuestras vidas en este tipo de sociabilización para abordarlo, porque también es parte del trabajo de prevención de violencias por razones de género, en un conjunto de políticas publicas que apunten a ello.

La mayor expectativa es que hay alternativas para desatar y vivir vínculos sanos. No solo en pareja, con nuestros pares, con nuestras familias, nuestros hijos e hijas. Hay tiempo de reparar y sanar, hay tiempo de llorar y desatar el nudo que la garganta aguantó solamente porque allí había un varón al que no se lo dejó llorar.

Si como Estado avanzamos, comprendiendo que hay que desarmar engranajes de los cuales ya no se consiguen repuestos para volver a armarlos como antes, sino que hay que armar algo nuevo, sin dudas nos espera un futuro y porque no un presente de emociones donde quede atrás el “pegale y hacete hombre”.

*Responsable del Área de Género y Diversidad Sexual de la Municipalidad de Gualeguaychú.

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