RECTA FINAL A LAS PASO
“Dicen que me van a votar”: La gente aprendió y ahora miente tanto como cualquier político
:format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/adjuntos/240/imagenes/000/384/0000384493.jpg)
Faltan 15 días para saber hacia dónde empieza a rumbear el país. Es todo tan confuso que nadie, los encuestadores los primeros, se atreve a dar un resultado. En esto influye claro los propios yerros de los ‘especialistas’, los altos niveles de no concurrencia a votar y la incertidumbre que rodea a los ciudadanos. El encuestador que consigue que le respondan tres o cuatro cosas seguidas está contento. La gente no cree en nada ni en nadie, y aprendió: le miente a todos.
Jorge Barroetaveña
Un latiguillo habitual en la campaña es el “siento que gano”, casi como una retahíla. “La gente me dice que me va a votar”, es otra frase escuchada. Pasa que “la gente”, ese ente abstracto, difícil de definir pero fácil de identificar, aprendió. Y quizás se tome una pequeña revancha ante tanta mentira de la que ha sido víctima. A todos los dice lo mismo, pero después, en la soledad del cuarto oscuro sólo se deja guiar por su conciencia. Está bien, perfecto.
Así se explica la magnitud del problema que deben enfrentar los encuestadores, máxime cuando se trata de encuestas telefónicas o focus group. Pagar una encuesta presencial es un lujo que pocos pueden darse, aunque disminuye notablemente el margen de error. Al ‘detalle’ de la pequeña revancha’ que se toma el votante, se suma el nivel de abstención que se ha instalado en niveles históricos en provincias como Córdoba y Santa Fe. El tercio de población que, en promedio, no iba a votar, amaga con agrandarse. Que cerca del 40% de la gente no utilice el ejercicio del voto, piedra angular del sistema democrático, es grave. No sólo por el nivel de hastío hacia la política, también por la falta de legitimidad con la que asumen los que finalmente son electos al final del proceso.
Tampoco existe más la famosa luna de miel. Aquel plazo que, imaginariamente las sociedades le daban, a los gobiernos. La tolerancia a los primeros pasos se ha reducido a la nada. Lo que no hagan apenas asuman, difícilmente podrán hacerlo después. Todos lo saben y lo tienen asumido. Sobre todo si buscan reformas profundas que pueden generar resistencia. Claro que no es lo mismo ser oficialismo que oposición.
En ese cuello de botella de expectativas reducidas los candidatos luchan a brazo partido. Se trata de recrear esperanza ante una sociedad incrédula y desencantada. De contarle que, si estuvieron pueden hacer las cosas distintas. Que aprendieron. De contarle que, si están, ahora la tienen clara y saben qué tienen que hacer. De contarle que, si nunca estuvieron, aprendieron de los errores de todos los demás.
En ese intríngulis está el resultado de lo que pasará dentro de 15 días. Y más allá, el 10 de diciembre cuando asuma el nuevo gobierno que, se trate de quien se trate, recibirá una papa caliente. La situación es tan delicada que esta semana, los economistas de Larreta y Bullrich levantaron la voz. Alertaron sobre el deterioro de la situación fiscal, el nivel de endeudamiento y el riesgo de hiperinflación. El peligro que implica un ministro de economía en campaña, una experiencia inédita para la Argentina. No somos Suiza claro. Ni Cavallo en sus épocas de esplendor pudo superar la prueba.
Claro que Massa no es economista. Es un político de raza que se ha ido moldeando con el paso de los años. Está ante el mayor desafío de su vida y no quiere resignar nada. De un lado sigue negociando con el Fondo, un acuerdo que está al caer pero tendrá que esperar hasta después de las PASO. Se da vuelta, y se dedica a la campaña, tratando de juntar todos los pedacitos de poder que dejó la resolución de las listas. Cristina, ausente, dejando en claro que si el oficialismo pierde no será por su culpa. Los gobernadores, temerosos del efecto arrastre. Si bien ellos fueron los que pidieron por Massa, su principal y único objetivo es retener las provincias. Nada ni nadie los sacará de eso. En los días que faltan lo llevarán al candidato a una recorrida por el norte peronista, tratando de darle algo de mística a la campaña. Lo mismo pasará en La Matanza, capital nacional del peronismo, donde tratarán de meter con fórceps la propuesta, preocupados por el avance los candidatos que apoya Grabois. En el fondo, Massa teme que, varios referentes del kirchnerismo, le estén tendiendo una trampa con Grabois. Levantarlo para después condicionar el apoyo. Y demostrarle cómo tiene que ir al pié. Parecen demasiados cosas para un candidato no? Encima el hombre que lleva los números del país. Un Presidente de hecho casi.
A esta altura si Cambiemos gana la elección nacional, será más por errores ajenos que por méritos propios. La feroz pelea entre Bullrich y Larreta ha sido perjudicial para las chances de la oposición. El 13 de agosto tendremos la primera fotografía. El 14 habrá que descular los resultados y preguntarse si los votos del perdedor, irán derecho a los del ganador. Ahí estará la clave.
