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Opinion | Luis Castillo | tapabocas

Futuros turbulentos viejos tiempos

Mucho de lo que se hizo ―o no se hizo― durante la pandemia, fue debido a que esta tomó al mundo por sorpresa; ahora bien, ¿habremos aprendido algo por si hubiera una nueva situación similar?

Un interesante grupo de divulgación científica llamado The Health and Science Desk se hizo esta pregunta y se la transmitió a un selecto grupo multidisciplinario de expertos cuyas respuestas son una verdadera invitación a la reflexión.

Siempre se ha dicho que, en literatura, la realidad supera la ficción, y es que la anticipación a hechos que en determinado tiempo y espacio parecerían improbables era y es patrimonio de los escritores y escritoras. Por eso quizás la primera de las respuestas ―proveniente de una epidemióloga― parece dada por alguien ligada a estas artes ya que fue: “prepararse para lo inimaginable”. O sería mejor decir: romper las barreras de lo probable para dar paso a lo posible. O lo imposible, de acuerdo a nuestros rígidos cánones científicos. En definitiva, afirma Lauren Ancel Meyers, “de cara al futuro debemos prepararnos para un rango mucho más amplio de amenazas”. Para ello, sin dudas, es importante saber si realmente se podrá contar con información científica completa en tiempo y forma o si ―como ahora― el real o aparente ocultamiento de información (esta vez por parte de China pero la próxima podría ser de cualquier otro país) continuará dando lugar a teorías conspirativas de difícil evaluación en cuestión de daños potenciales.

Otra de las cuestiones que se revelaron como un importante tópico a resolver ―pese a que cualquiera pensaría que en este preciso instante eso ya está claro y resuelto― es el orden de prioridades en cuanto a la repartición de vacunas. En este sentido, quizás deba primar el concepto de que, “cuando la oferta de vacunas es limitada, se deben atacar los focos de mortalidad y conservar el sistema de salud” a cualquier costo, asegura Saad Omer, Director del Instituto para la Salud Global de Yale. ¿Queda claro?

Un aporte que hace el controvertido Anthony S. Fauci es en cuanto a que las políticas rectoras de combate a las pandemias deben ser nacionales dejando escasas o ninguna capacidad de decisión a los estados provinciales ya que el error de uno de ellos puede significar el fracaso sanitario de toda una región ya que, como se ha escuchado tantas veces en estos meses, los virus no respetan fronteras. Ni nacionales ni provinciales. Valga como ejemplo uno de los lineamientos más discutidos, controversiales, y del cual no solo cada provincia sino que hasta cada municipio dictó sus propias normas y fue respecto de la utilización del tapabocas. “Tener lineamientos desiguales y diferentes de salud pública fue realmente poco útil y también enviaba el mensaje de que no sabíamos en realidad lo que pasaba o lo que iba a funcionar”, afirma en forma terminante Linsey Marr, experta en el movimiento aéreo de los virus.

Sin dudas, cada una de las cuestiones que estamos mencionando lleva implícito el factor común de la importancia de la inversión en la salud pública. La capacidad de respuesta de cada área se vio afectada por sus recursos físicos pero, ante todo, humanos. No poca gente comenzó a descubrir con cierta sorpresa que el personal de salud cobra salarios rayanos a la vergüenza; así como la importancia de la capacitación permanente o de la atención primaria de la salud. Y algunos, no todos, entendieron que no alcanzaban los aplausos para revertir los esfuerzos de muchas personas que dejaron y dejan su esfuerzo gigantesco cada día, cada noche, silenciosamente. Anónimamente. Dentro y fuera de los hospitales, que quede claro.

“Lo que hemos aprendido ―afirma el médico Pablo Rodríguez, miembro del Comité gubernamental que orienta la distribución de la vacuna contra la COVID en Rhode Island―, está relacionado específicamente con los determinantes sociales de la salud, que son las condiciones de los lugares donde la gente vive, aprende, trabaja y juega, y cómo estas pueden predeterminar los resultados en materia de salud. Se trata de un tema que solía ser muy académico. Antes, la gente decía: “Sí, sí, pobreza, pobreza, pobreza”, pero no entendía el concepto. El virus lo ha puesto realmente en primer plano, de forma muy gráfica, al afectar mucho más a las minorías raciales y étnicas. Ha quedado muy claro que la salud del país depende realmente de que se aborden estos determinantes sociales de la salud”. Nada para agregar.

Finalmente, es importante destacar que, en cuanto a terapéutica, algo que debe quedar como enseñanza es que debemos ceñirnos a los principios básicos de la medicina basada en la evidencia, en particular en lo relacionado a los cuidados críticos, evitando las intervenciones marginales o las medicinas alternativas que causaron verdaderos estragos a lo largo de esta pandemia que, recordemos, aún no ha terminado.

Esta pandemia aún no ha terminado. Seguimos dudando de nuestras certezas. Seguimos conociéndonos. Y mientras con incómoda incertidumbre conjeturamos sobre un futuro posible, seguimos sorprendiéndonos de lo que el espejo social nos devuelve. Lo que somos hoy, esos que despreciando la vida organizamos fiestas clandestinas, esos que después de un año no aprendimos o no quisimos aprender que debemos colocarnos un barbijo para cuidar y cuidarnos, esos que inventamos las PCR truchas, los certificados adulterados, esos que nos colamos en las filas de los vacunatorios… esos somos nosotros. Eso somos como sociedad. Nos guste o no. La culpa no es del espejo.

Los virus, organismos básicos, trozos de ADN o ARN mutan, se adaptan, evolucionan. Hasta quizás, de algún modo, aprendan. Nosotros, los tope de gama de la naturaleza, podríamos imitarlos, ¿no?

*Escritor, médico y Concejal por Gualeguaychú Entre Todos

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