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Me pareció ver un lindo gatito

El átomo, las moléculas, todo ese mundo invisible pero real, es estudiado por una rama de la física denominada Mecánica Cuántica, ¿cómo se relaciona esto con la política?

Ante todo, quiero advertir al desprevenido lector que no voy a hablar de física cuántica ni nada que se le parezca simplemente porque mi conocimiento de esos temas es tan elemental como la conducción de un helicóptero, pero me pareció interesante relacionar el micro mundo -ese que nos parece y, quizás realmente lo sea, inaccesible- y nuestra vida diaria. Nuestra cultura. Nuestro porvenir. Ese que elegimos y no elegimos cada día, en cada sueño de cambio y de progreso.

Elegimos y no elegimos, dije. ¿Es eso posible? ¿Puede haber dos realidades simultaneas y a la vez contrapuestas? El físico Erwin Schrödinger planteó en 1935 un interesante experimento que lo llevó inclusive a prolongadas discusiones sobre el tema con el mismísimo Albert Einstein y, fruto de esas discusiones, surgió la conocida afirmación (tergiversada hasta el cansancio en cuanto a su interpretación) de: “Dios no juega a los dados”. Ese experimento -popularizado por la exitosa serie televisiva The big bang theory- se conoce como El gato de Schrödinger.

Intentaré dar una explicación si bien no estrictamente científica al menos comprensible y amena para no aburrir y justificar su elección como tema de esta columna en el día de hoy. Bien, el experimento estaba basado en la naturaleza probabilística (esto es, las probabilidades de que algo ocurra o no) de la mecánica cuántica.

En otras palabras, lo que sucede en ese mundo de átomos y partículas, ¿sucede por azar? Partiendo de la base de que todo evento puede suceder o no, podemos afirmar que existe un 50% de probabilidades de que ese evento suceda y el mismo porcentaje de que no ocurra. Parecería ser algo sencillo y elemental. Pero no lo es. De allí que Schrödinger presenta este experimento que también se conoce como la paradoja de Schrödinger ya que, como veremos, un gato parece está vivo y muerto al mismo tiempo. Imaginemos una caja cerrada y opaca.

En su interior tenemos un gato vivo, un frasco de veneno y un dispositivo para romper el frasco y de ese modo matar al gato. Ese dispositivo tiene una partícula radiactiva con un 50% de posibilidades de desintegrarse y otro tanto de no hacerlo; en el primer caso, ésta rompería el frasco y el gato moriría.

Sin embargo, el problema radica en que el mundo de los átomos es tan extraño y complejo que es posible que una misma partícula esté en dos estados físicos al mismo tiempo e, incluso, en dos lugares a la vez.

Por lo tanto, en el experimento que estamos describiendo, el dispositivo se habría activado y al mismo tiempo no lo habría hecho. El veneno se liberó y al mismo tiempo no se liberó, en conclusión, el gato está muerto y, al mismo tiempo, vivo. ¿Qué es lo hace que solo suceda una de las dos opciones y no las dos? El ojo del observador. En el momento de abrir la caja, diríamos, aparece una sola realidad: el gato está vivo o muerto (no lo sabremos hasta abrirla); al abrir la caja se concreta una sola de esas probabilidades.

Eso es lo que llamamos realidad. Realidad que pertenece a cada uno de nosotros. A cada observador, diríamos. Realidad que se construye sobre la base del análisis critico y de la observación. Del interés. Del conocimiento.

En política suele hacerse un binarismo entre conservadores y progresistas, conceptos que, sin embargo, no necesariamente están identificados en forma lineal con la derecha o la izquierda como ideología. No son sinónimos conservadores con derecha y progresistas con izquierda. No es tan simple.

Quizás sea interesante verlo, como plantea Álvaro M. Barea Ripoll como que: “son lo que en biología se conoce como la transistasis y la homeostasis; la primera es la fuerza que impulsa cambios y evoluciones, mientras que la segunda es la fuerza que mantiene las condiciones presentes a fin de garantizar la estabilidad. Es la lucha entre el progreso y la conservación la que da lugar a un avance controlado, lento pero seguro, de las condiciones sociales y políticas.”

Y continúa el mismo autor “Sin embargo, este equilibrio está desvirtuado en muchas sociedades alrededor del mundo; los cambios que se dan hoy día son, precisamente, para garantizar que nada cambie. Este conservadurismo progresista fomenta la desigualdad, desarticula y recorta derechos sociales, y se limita a dar una imagen de virtud en lugar de ser virtuoso. Ante las demandas de cambio de millones de personas descontentas alrededor del mundo, las autoridades económicas y políticas suelen responder con la misma idea: «Cualquier alternativa a la situación que vivimos es un peligro al poder llevarnos a todos al caos y la anarquía».

Es, de este modo, cómo miles de ciudadanos descontentos caen en el conformismo, la apatía y la inacción, perpetuando mediante su consentimiento resignado una situación de creciente injusticia.”

¿De qué dependerá entonces lo que encontremos cuando abramos la caja? ¿Del azar? Einstein descreería de eso (de allí su frase antes citada Dios no juega a los dados) Borges hablaba de “lo que llamamos azar es nuestra ignorancia de la compleja maquinaria de la causalidad”. Aquello que desconocemos, aquello que estimamos, percibimos o creemos que está lejos de nuestras posibilidades de transformación, se lo dejamos al azar. Que el destino decida por nosotros, que algún dios (si es que creemos en alguno o en todos) decida por nosotros, que nuestros lideres decidan por nosotros.

Pero no solamente la política pareciera estar en ese doble estado -como el gato de Schrödinger - sino algunos políticos, con sus permanentes discursos contradictorios entre sí. Con sus posturas ideológicas tan cambiantes como las circunstancias electorales de las cuales depende su continuidad.

“Nadie resiste un archivo” se suele afirmar con la liviandad que naturaliza lo que debería ser condenable. Y así como vemos quienes no son coherentes con su discurso tampoco suelen serlo con sus actitudes. Reyezuelos de la pobreza. Emires de la miseria. Falsos profetas. Émulos -sin saberlo, claro- de Deng Xiaoping, quien, sin que le temblara la pera sentenció en 1962, algunos años antes de asumir el poder total de la poderosa China: “Poco importa que el gato sea negro o blanco, lo que importa es que cace ratones”. Pragmatismo le llamarán algunos. Falta de escrúpulos otros. Líder carismático, seguramente repetirá una multitud ensordecida por el ruido de sus propios aplausos.

La mecánica cuántica es tan compleja, solía referir el físico nuclear Richard Feynman, que “si usted cree comprender la mecánica cuántica, quiere decir que no ha comprendido nada”. Las partículas se manejan en un universo cuya lógica es incomprensible para nosotros. Ciertos políticos también.

Y otra cosa, para no creer que es una verdad irrefutable eso de que de noche todos los gatos son negros, lo mejor, es encender la luz.

*Escritor, médico y Concejal por Gualeguaychú Entre Todos

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