Opinion | Gualeguaychú | Luis Castillo

Reencuentro

No creo que sea cierto eso de que entre amigos o en familia uno puede hablar de todo. No señor, no señorita; hay temas que, mejor, mejor no tocarlos.

Hace poco nos reunimos, vía teleconferencia, claro, un grupo de amigos que, por esto de la pandemia, habíamos dejado de relacionarnos como le pasó a casi todo el mundo. No es que no hubiéramos tenido contacto en todo este tiempo; interactuábamos a través de Facebook, compartíamos algunos memes, alguna que otra llamada telefónica pero no habíamos tenido un contacto directo desde hacía varios meses. Como casi todo el mundo. Nos pareció importante reunirnos mirándonos las caras porque, la verdad sea dicha, en estos meses de dudoso confinamiento hubo más de un episodio en el que ni siquiera un emoticón, que pretendía poner paños fríos, alcanzaba a justificar lo que se había escrito. O no escrito. La comunicación, sabemos, no es nada sencillo; lo gestual es el 70 % de la misma y por más que coloquemos decenas de signos de admiración o un dudoso “je je” después de un comentario ácido, la interpretación por parte del otro o de la otra no siempre —o casi nunca— es lineal. Eso siempre y cuando uno, no solo conozca y sepa usarlos, sino que decida utilizar (porque sabe hacerlo, insisto) los signos ortográficos, las tildes, los tiempos verbales y otras nimiedades que pueden modificar por completo la interpretación de un texto.

Consideramos entonces que, a fin de preservar una amistad de décadas, lo mejor era vernos las caras. El día y la hora no fueron fáciles de coordinar pero tampoco significó ningún conflicto. Unas horas antes de la cita que —confieso— esperaba con cierta ansiedad como todo reencuentro aunque este fuera de un modo al que uno no está acostumbrado por una cuestión generacional, un mensaje grupal encendió una luz de alerta. Alguien subió un meme que decía: “En esta casa nos respetamos todos. No se habla de religión ni de política” mientras mostraba una sonriente familia de osos brindando quién sabe con qué en una casita hecha con leños. Fin del comunicado. Nadie respondió nada y eso, creo, fue lo que me puso más nervioso.

A la hora indicada, comenzaron a aparecer los rostros conocidos y añorados en la pantalla. Después las voces. Después los diálogos. ¿Cómo anda, gente?; Y, como se puede, con esta cuarentena eterna nos estamos volviendo locos ya; Sí, es verdad, pero bueno, no queda otra, ¿no? ; Y, no sé si no queda otra, mirá los uruguayos nomás, están acá enfrente y parecen suizos; La verdad es que no sabés cuánto hay de verdad y cuánto de verso al final; Qué, ¿vos decís que el gobierno está mintiendo?; No, yo no digo que estén mintiendo, digo que uno termina no sabiendo cómo es la cosa; No sabés lo que no querés, si el ministro de salud te dice que la cosa es así, es así y listo; ¿Y por qué tengo que creerle todo al ministro, qué, no puede equivocarse?; Che muchachos, dijimos que nada de política si no empezamos a discutir al pedo;!Vos dijiste eso¡, que yo sepa acá decidimos todos de qué se habla o de qué no, o hay censores ahora; No seas boludo, es para no discutir al pedo, hablemos de otra cosa; No, no es que yo quiera discutir de política, pero no podés no hablar de la pandemia si es lo que nos preocupa a todos, Dios quiera que aparezca la vacuna rápido así…; ¡Y qué tiene que ver Dios con la vacuna!, ¿ahora lo metés a Dios en la discusión?; No, no es que lo meta, pero yo soy creyente, toda mi vida lo fui y eso no tiene nada de malo, si sos ateo es problema tuyo; No se trata de que yo sea ateo o no pero ahora resulta que cuando “Dios” (hizo la seña de comillas con dos dedos de cada mano frente a la cámara mientras volteaba la cabeza hacia un lado) decida que aparezca la vacuna nos curamos todos, ¿no era más fácil que “Dios” (volvió a repetir el gesto) directamente no hubiera mandado el bicho y listo?; Che, cortenlá loco, no empecemos a meternos con la religión, que cada uno tiene derecho a pensar como quiera y hay que respetarlo; Ah, bueno, no se puede hablar de política, no se puede hablar de religión, de qué quieren que hablemos, ¿de futbol?; Bueno, hablando de eso, por suerte empezó la Copa sudamericana así que eso ya te distrae un poco y te saca de tanto muerto y enfermos; Sí, te sacará a vos, a mí hace dos meses que me cortaron el cable; Uh, qué cagada, no sabía; Y sí, hace ocho meses que no laburo, de casualidad comemos lo que podemos ¿y vos querés que pague el cable encima? ; Bueno, tampoco es inaccesible, che; Para vos no, si laburas para el Estado, vos cobrás los mismo estés laburando o rascándote las bolas en tu casa pero, ¿y uno?; Otra vez vamos a empezar con la política, gurises, cortenlá, en serio, loco; Pero es que no es hablar de política, estoy hablando de mi laburo, mejor dicho, de mi no laburo, recién ahora —y con cuentagotas— empiezan con esto de las habilitaciones y esas cuestiones pero de yapa la gente no tiene una moneda, yo mismo me comí hasta los ahorros; Por lo menos tenías ahorros, hay gente que ni eso; ¿Y yo qué culpa tengo, alcancé a juntar dos mangos de la temporada y los guardé, decí que por suerte compré unos dólares que si no…; Claro, ahora entendés porque el dólar se fue al carajo, ¿no? todo el mundo especulando con eso y…; ¡Especulando con qué, boludo! ¿qué te crees que soy?, ¿fugaron millones de dólares al exterior y yo que compré dos billetes soy la patria financiera?, payaso, escucháte; Che, paren loco, no empecemos de nuevo, otra vez la política metiéndose en la amistad, vamos a hablar de nosotros, no nos vemos hace casi un año y poco más estamos a las puteadas, ¿cómo están las familias?; Mi mujer se fue a la mierda, se llevó los más chicos, yo me quedé en casa con el mayor; Faa, no sabía nada, la verdad es que se los veía bien, qué se yo, viste que cada casa es un mundo pero yo hubiera jurado que estaban bárbaro; Vení y fumátela una semana entera a la loca ésta y después me contás; Bueno, pero las relaciones son de a dos, no te hace bien cargarle todas las culpas a ella porque…; ¿Y vos qué mierda sabés?, ¿sos psicólogo, pastor evangélico?, qué sabés vos de mi convivencia para meterte a opinar; No me meto, solamente quería aportar algo para…; Anda a aportar a la AFIP si querés aportar algo, que en la puta vida aportaste una moneda; ¿Y vos qué sabés de cómo manejo mi economía vos?, ¿sos de los servicios, ahora?; No empecemos con cosas personales gurises, decime, ¿y los chicos están bien?; Y qué sé yo si están bien si la loca no me deja ni verlos, dice que los puedo contagiar y que estamos en cuarentena y como la cuarentena en este país va a ser eterna parece, cuando vuelva a verlos no los voy a reconocer capaz; Bueno, no seas tan melodramático, todo pasa y, si Dios quiere, esto también va a pasar; ¿Otra vez empezamos con Dios?

Cuando apareció en el extremo superior de la pantalla el cartel que anunciaba que la conferencia estaba a punto de terminar, no sé el resto, pero yo sentí una especie de alivio. Ver a esos desconocidos pelearse una y otra vez sin que pudiéramos hallar un hilo conductor que nos llevara de vuelta hacia los sitios que alguna vez nos habían unido, me hizo sentir curiosamente solo. Con una soledad distinta. Una soledad con algo de complicidad y de nostalgia. Pero no de tristeza.

Me quedé pensando que, al menos, intentamos cumplir la consigna de no hablar de religión ni de política ya que esos son temas que solamente provocan discordia; cosa que no sucedería, por ejemplo, si uno quisiera una tarde lluviosa de estas, hablar con su pareja acerca del deseo. Eso o mirar una película, que mejor programa para un domingo gris, ¿no?

*Escritor, médico y Concejal Por Gualeguaychú Entre Todos

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