Opinion | Gualeguaychú | Luis Castillo

Serendipia, el secreto del mago Cacarulo

El simple ejercicio de pensar en la rima fácil hará innecesario aclarar cuál era el mérito del mago al que le salían sus trucos de pura casualidad.

Al estilo de los maravillosos relatos de Las mil y una noches, existe un tradicional cuento persa que fuera rescatado del olvido por Jursan Amir, conocido como Amīr Khusrow en el libro de poemas de 1302: Hasht Bihist (Ocho paraísos); allí se narran las aventuras de tres príncipes que habitaban lo que hoy es Sri Lanka y alguna vez se llamó Ceilán pero en aquellos tiempos inmemoriales se denominaba isla Serendip, y de cómo estos personajes iban resolviendo diferentes problemas tan solo ayudados por la casualidad. En 1754, al escritor inglés Horace Walpole, tras leer este relato le pareció interesante el término y le refirió, carta mediante, a su amigo y también escritor Horace Mann “la riqueza expresiva” de la palabra “serendipity” que se traduciría al español como serendipia, definiéndola como el descubrimiento o hallazgo afortunado e inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta.

A partir de conocer esta palabra, hilvanar historias de casualidades se vuelve no solo más interesante sino más curioso también. A las habituales referencias a Cristóbal Colón —que encontró América buscando las Indias—, a Arquímedes —que describió que un cuerpo total o parcialmente sumergido en un fluido en reposo experimenta un empuje vertical hacia arriba igual al peso del fluido desalojado, tras meterse en la bañera— o Alexander Flemming —que descubrió la penicilina solo por guardar sin lavar adecuadamente los frascos de experimentos—, podemos sumar hallazgos más recientes tales como el Viagra, la píldora azul que cambió la historia de la sexualidad masculina y que se detectó como efecto adverso al intentar controlar la hipertensión arterial. Y la lista sería interminable. La pregunta es por qué la estoy referenciando yo en esta columna en un caluroso domingo de pandemia.

Bien, hace pocas semanas la palabra serendipia reapareció en los medios nada menos que de la boca de Mene Pangalos. "La razón por la que tomamos la mitad de la dosis fue una serendipia”, dijo. ¿Quién es Pangalos? ¿de qué estaba hablando? Pangalos es el vicepresidente ejecutivo de investigación en Astra Zeneca, uno de los laboratorios que están más cercanos a la vacuna contra el COVID19 y la historia fue más o menos así: a fines de abril se comenzó con las primeras pruebas en seres humanos; no solamente se buscaba lograr efectividad sino también reducir eventuales efectos indeseables tales como fatiga, dolores de cabeza o cuerpo y demás. De la dosis calculada de vacuna para lograr la eficiencia buscada, por error se suministró en un grupo la mitad de la dosis (para ver si había menos efectos secundarios y dejando de lado que podía ser ineficaz) pero ¡oh sorpresa! el efecto de esa media dosis fue del 90% frente al 60% de la dosis total calculada. Tratando de buscar alguna explicación a este hallazgo, la Dra. Sarah Gilbert, quien dirigió la investigación, dijo: "Podría ser que al administrar una pequeña cantidad de la vacuna al comienzo y luego seguir con una gran cantidad consiguiésemos una mejor manera de poner en acción al sistema inmunológico y alcanzar una respuesta inmune más fuerte y más efectiva"; a su vez, Andrew Pollard, director del Grupo de Vacunas de Oxford, agregó: "Lo que no sabemos es si esa diferencia está en la calidad o en la cantidad de la respuesta inmune. Y eso es algo que investigaremos durante las próximas semanas". No puedo dejar de imaginarme a este Director respondiendo al llegar a su casa ante la pregunta de su mujer acerca de lo que había sucedido: la embocamos de pedo, vieja.

Ahora bien, la serendipia, ¿puede tener algo que ver con la política, por ejemplo, o con la economía? Paul Lederach, experto en resolución de conflictos, asegura que la clave es reconocer la ventana de oportunidad cuando ésta se abre, la adaptación a nuevas circunstancias, la visión periférica o —como lo llamaba Edward De Bono— el pensamiento lateral, ese tipo de pensamiento que busca soluciones a los problemas sin seguir las pautas lógicas utilizadas normalmente sino que se apoya en ideas que se salen de lo habitual, que busca caminos alternativos de resolución, que escapa de las ideas preconcebidas. "Un aspecto desafiante, pero importante de cultivar la serendipia es aceptar que no podemos planificar o saber todo" —asegura el Dr. en Economía Christian Busch— “aceptar la imperfección como parte de la vida nos permite aprovechar el momento si ocurren errores inesperados”

En nuestra vida cotidiana, en nuestra errática forma de andar por el mundo, nos vemos cayendo y levantándonos, una y otra vez tras los vaivenes de la economía, de la política o de la mala suerte nomas dirán algunos, consiguiendo muchas veces, sin saber cómo, salir adelante después de cada tropezón celebrando esa victoria como si fuera fruto de nuestra pericia y no del azar. O de la serendipia.

Pero, debo confesarlo, yo descreo de la suerte, del albur, del destino; no puedo imaginar sino talento o decisión tras cada resurgir, tras cada nueva elección de un camino alternativo; quizás, haya algo de genialidad que no alcanzamos a ver cuando tan livianamente nos reímos de los magos Cacarulos,o será que no puedo evitar recordar a Borges cuando dice: “…salvo que no hay azar, salvo que lo que llamamos azar es nuestra ignorancia de la compleja maquinaria de la causalidad…”

*Escritor, médico y Concejal por Gualeguaychú Entre Todos

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