Opinion | Gualeguaychú | Luis Castillo

Todo tiempo pasado, ¿fue mejor?

Mientras muchas personas aún no terminan de saber qué es eso de los Millennials, una nueva generación, la generación Z ya está aquí.

Quizás deberíamos empezar por definir qué son o quiénes componen esta nueva categoría que, sin dudas, es mucho más que una simple cuestión etaria. En primer lugar, se destacan por tener entre 13 y 24 años (aquellos nacidos entre 1994 y 2010). Y, aunque parezca increíble, en muy poco tiempo habrán desplazado a los millennials a la prehistoria. ¿Qué rasgos distintivos o características tiene esta nueva generación? Veamos. Como punto de inicio debemos destacar que han nacido en un entorno eminentemente digital y construyen sus realidades públicamente a través de las redes sociales, han nacido en plena era digital y, por lo tanto, no pueden concebir el mundo sin internet. Es interesante destacar, antes de seguir adelante con esta siempre discutible caracterización, que hay un solo rasgo que es indiscutible: el feminismo, que no se pone en cuestión, sino que se da casi por sentado.

Ahora bien, mencionábamos que son verdaderos nativos digitales ya que ninguno recuerda o conoce siquiera lo que era conectarse a internet a través de un módem ligado a la línea telefónica, con esos pitidos infernales (que en ese momento eran casi una melopea para quienes descubríamos un nuevo mundo a través de las pantallas). Naturalmente, no conciben ni imaginan un mundo sin Wi-Fi, YouTube o Instagram y quizás una de las cuestiones que más nos sorprenda es el hecho de que puedan utilizar hasta cinco dispositivos a la vez mientras que la media millennial está en “apenas” tres, lo que produce que están habituados a hacer múltiples tareas y procesar al mismo tiempo varias fuentes de información. “Han ganado aptitudes cerebrales relacionadas con la velocidad y los automatismos, en detrimento de otras, como el razonamiento y el autocontrol”, dice Olivier Houdé, director del Laboratorio de Psicología del Desarrollo y Educación Infantil del CNRS-La Sorbonne. El cerebro es el mismo –continúa- pero los circuitos utilizados cambian. Frente a las pantallas y en la vida en general, los nativos digitales tienen una especie de tren de alta velocidad cerebral que va del ojo al pulgar. Utilizan sobre todo una zona del cerebro, el córtex prefrontal, para mejorar esa rapidez de decisión y de adaptación multitarea. Sin embargo, esto se hace en detrimento de otra función de esta zona, que es más lenta, de distanciamiento, de síntesis personal y de resistencia cognitiva; hay tres sistemas en el cerebro humano: uno es rápido, automático e intuitivo, altamente requerido en el uso de pantallas; el otro es más lento, lógico y reflexivo, y un tercer sistema en el córtex prefrontal permite arbitrar entre los dos primeros: el corazón de la inteligencia. Los nativos digitales deben reaprender a resistir para pensar mejor.”

Por otra parte, son más autosuficientes, autodidactas y están más preparados para tiempos de inseguridad laboral, crisis económica y extremada competencia, lo cual no debería sorprender ya que han nacido y crecido en ese ambiente de permanente hostilidad. Asimismo, demuestran mayor activismo social o se prestan a mayor número de voluntariados, tienden además a preocuparse por el medio ambiente y el futuro, lo cual los lleva a mantener, en su mayoría, una cultura ambientalista.

En contrapartida, como cualidades negativas, numerosos trabajos resaltan su impaciencia y su déficit de atención (8 segundos frente a los 12 de los millennials).

Actualmente, los primeros integrantes de la Generación Z se encuentran en una etapa en la que estarían a punto de terminar su vida universitaria o en busca de un empleo, mientras que los más jóvenes se estarían debatiendo en el dilema de elegir una carrera para estudiar. Eso, claro, en un mundo ideal sin inequidades ni diferencias socioeconómicas.

Ahora bien, en América Latina y el Caribe, la pandemia provocó una crisis de empleo sin precedentes. Los jóvenes han sido quienes han sufrido las mayores pérdidas de empleo en la región y aquellos pertenecientes a la generación Z fueron los más afectados; en Lima (Perú), el 70% de los jóvenes perdió su trabajo, en Colombia, al 23% de los menores de 24 años le sucedió lo mismo, en México más del 12% de los menores de 24 años que estaban empleados en el sector formal quedaron en la calle. En definitiva, el desempleo juvenil latinoamericano de ambas generaciones (millennials y Z) ha estado asociado al mal funcionamiento de los mercados laborales y de la seguridad social. ¿Por qué es distinta esta crisis que, sin dudas, afectará más a la nueva generación de trabajadores? Existen dos diferencias fundamentales. Por un lado, las crisis anteriores tuvieron elementos estructurales específicos para cada país (desbalances fiscales, monetarios o crediticios), en esta ocasión, sin embargo, la pandemia ha generado una crisis generalizada, ha paralizado la actividad económica global de manera súbita y muy probablemente cambiará el funcionamiento de varios sectores económicos.

Vienen tiempos de cambio, sin duda. Y eso es bueno. Y si no es bueno, es inevitable, así que habrá que entender que los más grandes ya tuvimos la oportunidad de cambiar el mundo y cada uno sabrá si, de uno u otro modo, hizo algo para que ese cambio fuera posible.

En lo que a política se refiere, un trabajo de una importante consultora nacional reveló que: “Cuando fueron consultados sobre cómo sería un partido político ideal, los jóvenes encuestados dijeron que debería estar liderado por una mujer adulta joven, con vocación social, empatía y solidaridad, que se "haya hecho desde abajo" y esté fuera del mundo del privilegio”.

Como refiriera una de nuestras más encumbradas librepensadoras contemporáneas: “Lo dejo a su criterio”.

*Escritor, médico y Concejal por Gualeguaychú Entre Todos”

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